lunes, 16 de julio de 2018

La suerte echada

Las consecuencias fueron terribles para Copán.

Durante los siguientes 17 años tras la captura y muerte del gran 18 Conejo, no se construyó nada en la ciudad.

Apenas 39 días después de su asesinato, un nuevo personaje tomó el trono: K´ak´ Joplaj Chan K´awiil pasó a dirigir los destinos de una ciudad en profunda depresión.

La muerte de Waxaklahuun Ub´aah K´awiil a manos del rey de Quiriguá no solo fue un devastador golpe psicológico sino también, piensan algunos investigadores, pudo haber significado la pérdida de los ingresos que le generaba dominar la ruta comercial del Motagua, y ahora manejada por Quiriguá.

El decimocuarto gobernante estuvo 11 años en el poder y se conoce muy poco de él. No hay obras que atestiguen su paso en el tiempo.

Luego, llegó el momento de K´ak´ Yipyaj Chan K´awiil, el decimoquinto gobernante e hijo del anterior.

Y por un momento, pareció que Copán se levantaría de las cenizas.

Nuevos planes de revitalización se dieron; la Escalinata de los Jeroglíficos que había dejado 18 Conejo fue arrancada y reubicada al sitio donde ahora la encontramos. Se le dobló la longitud y se continuó con la historia de la ciudad desde donde la había dejado el malogrado gobernante.

El mismo decimoquinto gobernante agregó cinco estatuas de tamaño natural a la escalera, cada una representando a un rey ancestral de Copán. Y él mismo se "retrató" en la Estela M, la cual ubicó en la base de la escalera.

K´ak´ Yipyaj Chan K´awiil también ordenó realizar la famosa Estela N, quizá una de las obras más bellas de la escultura tridimensional de Copán. Un estilo "orgánico" , vivo, heredado desde los tiempos de 18 Conejo.

La estela se encuentra en la base del Templo 11, muy cerca de la Estela M. Fue terminada en el año 761 d.C y menos de un año después murió el gobernante. Solo estuvo 12 años en el trono.

Con su desaparición, casi termina por sellarse el destino de la ciudad. Como que la suerte estaba echada.

A la gran Copán le quedará menos de ochenta años para terminar sus días engullida por la selva.

                                                        Estela N, lado sur.
                                                        K´ak´ Joplaj Chan K´awiil (Decimoquinto gobernante).
                                                       Ascendió al poder en el 749 d .C.
                                                       Murió en el 761 d.C.
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                                                        Estela N, lado sur.
                                                        K´ak´ Joplaj Chan K´awiil (Decimoquinto gobernante).
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                                                       Proyecto personal de documentación:
                                                       "Oswitik: reyes y dioses de Copán".
                                                       Arturo Sosa
                                                       2016-2018

sábado, 14 de julio de 2018

El evento que marcó mi vida


La última vez que mi mamá me zarandeó fue cuando tenía yo catorce años. Lo recuerdo clarito.

Ese evento me dejó marcado por el resto de mi vida.

Estaba yo en el baño peinando, por enésima vez, mi nuevo corte de cabello tipo "Partido en medio", cuando entró mi madrecita hecha una verdadera furia.

¿Furia? Já...era como La Tormenta Perfecta. La encarnación terrenal del poder devastador de un hoyo negro interestelar. Salía fuego de sus ojos (se los juro), sapos y culebras de la boca y erguía la mano en el aire con movimientos aterrorizantes.

La razón de su enojo casi bíblico era a consecuencia de mi hermana. Bueno, mejor dicho, a consecuencia de un chisme de mí hermana. La muy metiche me había encontrado descubriendo el tan afamado "beso francés" con una vecinita, escondidos tras la puerta de la cocina. Y le fue con el chisme a mi mamá.

Antes de que vayan a pensar mal, debo aclarar con toda sinceridad y transparencia, que para ese momento de mi vida yo era un joven imberbe en todos los sentidos. No sabía nada de nada de nada y era en definitiva, un total inexperto en cosas de la vida.

¡Caramba! Que coincidencia…Igual que ahora.

No fue mi culpa que me hubiesen encontrado allí, tras la puerta de la cocina con las manos en la masa. Juro que ni siquiera lo había pensado. Yo era el total juguete del Destino; o mejor dicho, el juguete de mi vecinita quien siendo dos años mayor que yo, me llevaba toda una vida de experiencia. Y de malicia.

Fue ella, sí, ella, la que llegó de visita a mi casa y simulando tener sed, me llevó a la cocina para pedirme un vaso con agua. Fue ella la que en un hábil movimiento de cadera (ahora diríamos muy al estilo Messi), dio la media vuelta, cerró la puerta giratoria y antes de que yo pudiera siquiera pensar algo, me agarró por la cintura y viéndome fijamente, me preguntó:

- ¿Sabés besar?

Yo puse la misma cara que ese señor puso en la tele cuando el mercenario le tiró el vaso con agua. ¿Se acuerdan?

Bueno, la misma.

No supe qué hacer.

Ante tanta inexpresividad mía, la vecinita me jaló hacia ella y antes que yo pudiera persignarme, o poner las manos para defenderme, procedió a enseñarme con vehemente pasión lo que ella ya sabía. Muy al estilo francés, según me explicaron los aleros por la tarde cuando se los conté.

Todas esas escenas pasaron por mi mente en retrospectiva, y en fracción de milésimas de segundo, justo después del primer manotazo que me dio mi señora madre. En el lomo, por supuesto.

- ¿Qué le hiciste a esa Cipota? ¡Y en mi cocina! -me espetó mi progenitora.

Ahí me perdí un poco. Primero, porque técnicamente yo no le había hecho nada a la vecinita. En todo caso, ella me lo había hecho. Y en segundo lugar, ¿Era tan importante que hubiera ocurrido en "su cocina"? O sea, si hubiera pasado en otra cocina, ¿no habría problema?

No alcancé a solventar la duda porque el segundo manotazo me sacó de mis cuestionamientos existenciales.

Traté de contestarle que la vecinita era dos años mayor que yo, que tenía una fama que la precedía por dos cuadras antes de que llegara y que en todo caso, yo ya tenía catorce años y cuatro pelos ralos en la barbilla.

Pero no alcancé. No pude porque en ese momento, la mano aterrorizante de mi madre se había posesionado de mi oreja derecha y en un rápido movimiento de ninja, comenzó a jalarme hacia abajo, directamente al suelo.

Y la mano jaló y jaló y jaló. Pero mi cabeza no cedió un tan solo centímetro. Tanto mi cabeza como mi dignidad permanecieron por vez primera, en su lugar. Tal vez porque para ese entonces, yo ya le sacaba a mi mamita unos veinte centímetros de altura y unas 20 libras más de peso. Es decir, yo era una mole a su lado

Viéndolo bien, en ese breve instante mi vida cambió para siempre. Quedó marcado en mi forma de ser, en mi personalidad.

Yo creo que mi mamá sintió en ese momento la resistencia del indio y se percató que algo había cambiado. ¡Claro! Tampoco se iba a rendir así nomás, tan fácilmente, y aunque se retiró del baño no se fue sin darme dos macanazos más. De chascada, ya saben.

Esa noche, ya acostado en mi cama, recordé lo que la vecinita me había hecho (todito) y las consecuencias con mi mamá.

Hombre...desde entonces he tratado de aprender al máximo sobre el tema para que no me vuelvan a preguntar (Uy, ¡Dios me libre!); y de paso, también llevo años tratando de acostumbrarme a esa parte de mi forma de ser, de mi personalidad, con una oreja derecha que es catorce centímetros más larga que la otra.

lunes, 9 de julio de 2018

El último gran rey



18 Conejo.

Así lo lo conocemos, por su nombre más popular.

En realidad, su nombre verdadero era Waxaklajuun Ub´aah K´awiil y fue el decimotercer gobernante de Copán.

Y el más importante.

Con él la ciudad llegó a su cúspide, a su momento de oro.

Y tambien con él comenzó el fin.

La historia del gobernante es fascinante. Durante 43 años llevó a Copán al pináculo estético: la escultura se tornó "viva" gracias a la tridimensionalidad que desarrollaron sus creadores y la perpetúa como uno de sus grandes legados para la posteridad.

Es él quien ordena construir las estelas A, B, C, D, E, F, H, J y 4 para adornar la Gran Plaza, convirtiéndola en un jardín escultórico público que además tenía funciones astronómicas y religiosas.

Por supuesto, el arte estaba en función de los intereses del rey y en cada una de las nueve estelas su imagen era el tema principal, personificando diversos rituales en conexión directa con los dioses mayas. Una conexión que bendecía su poder y su función real.

Fue además un constructor prolífico que desarrolló extensiones a los edificios de Copán. Y por si fuera poco, realizó la tercera y última modificación al Juego de Pelota dejando la obra tal y como la recorremos ahora cuando visitamos el parque arqueológico.

Waxaklajuun Ub´aah K´awiil finalizó el juego justo cuatro meses antes de su muerte.

Una muerte violenta.

No se sabe exactamente las razones, pero entre el 23 y 24 de abril es capturado por el rey de Quiriguá, una ciudad vecina y vasalla de Copán. Seis días después, el 29 de abril del 738 d. C. es decapitado el rey más artístico de Copán.

La humillación es enorme y envuelve en el silencio a la ciudad. Los siguientes tres reyes tratarán de recuperar el brillo y el poder que le dio a Copán el difunto Waxaklajuun Ub´aah K´awiil.

En vano.

Para cuando aparece el decimoséptimo gobernante, Copán se ha convertido en una fracción de lo que era y es practicamente abandonada.
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Proyecto personal de documentación: "Oswitik: reyes y dioses de Copán"
Arturo Sosa
2016-2018

sábado, 7 de julio de 2018

Casi...

-A ver, sus papeles- me dijo el agente de tránsito después de pararme en el semáforo.

-Ni modo - pensé – Aquí es donde la mula botó a Genaro.

Cuando se los entregaba, con la mejor sonrisa por supuesto, caí en cuenta que si yo hubiera sido ruso jamás le hubiera entendido eso de “sus papeles”. Digo, no importa si ruso, canadiense, francés o senegalés ¿Cierto?

Porque, ¿quién diablos puede entender qué significa eso de “A ver, sus papeles”?

Solo otro hondureño.

Si yo hubiera sido ruso o nigeriano, lo más seguro es que hubiera empezado a buscar en el carro los papeles de la oficina, el papel tapiz que recién había comprado en Larach o quizá el rollo de papel higiénico que guardo debajo del asiento, solo por si las cochinas dudas.

Pero no, soy catracho y hablo hondureño.

Ya con eso, son otros veinte pesos.

Por ejemplo, solo un hondureño puede citar con tanta firmeza, con tanta devoción, a Chelato.

-Chelato, Who? -diría un neoyorkino

Por favor, nosotros no citamos a Platón o Cicerón en nuestras conversaciones diarias. Ni a Federico García Lorca. Menos a Stephen Hawking.

Nosotros citamos con toda propiedad al Profe: “Como dice Chelato: nunca se sabe”. Y de ahí, ya no hay más que decir. "Nunca se sabe" es una verdad irrefutable, eterna. Pétrea (no como esas babosadas de la Constitución). Es una frase verífica.

De repente, tuve que volver a la realidad.

 -Uuuy Compa…esta licencia esta vencida. Tiene clavo – me dijo el de Tránsito.

Por supuesto, me cayó a las patas.

¿Cómo diablos iba a saber yo que esa licencia estaba vencida? ¿Cómo? Si yo siempre ando más perdido que el hijo de Lindbergh. Y miren ustedes que ese niño se perdió en 1932...

-Oficial…mi teniente…le juro que no sabía que estaba vencida...en serio Capitán – le dije en el tono más lastimero que pude. Varonil, pero lastimero.

Nada. El hombre se hizo el de a peso. Ni me paró bola.

Más bien se fue caminando para enfrente del carro y me dejó silbando en la loma.

-Pucha; ¡que leche la mía! – me dije –Hoy ando más torcido que la cola de un chancho.

Como el hombre seguía parado, allí, frente el carro, empecé a preguntarme qué debía de hacer. Una de dos; o me salía a platicar con él y ver cómo podíamos arreglar el problemita, o lo esperaba sentadito a que regresara y me clavara la esquela.

Porque yo, reventado ya estaba. ¡Jeé!, Y yo que me creía el tronco donde se rasca el tigre...

Entonces opté por la segunda. Digo, pobre, pero honrado. Ni que fuera del Partido...

Como a los diez minutos, el agente se me acercó.

-Que calor hace, vaa -me dijo.

- Pucha, sí.-le contesté -dan ganas de echarse un Fredy…

El hombre se me quedó viendo fijamente. Yo vi la duda en sus ojos.

Y la duda es la que mata.

-Mire, mejor vaya mañana a Tránsito para que renueve la licencia -y me entregó los papeles - ¡Póngale!

Mientras arrancaba, no pude menos que pensar: Pucha, este chavo es de los de aquí…no de los de allá.

Francamente, ¡Que salvada! Casi...

Y me fui pensando en eso de las frases hondureñas.

jueves, 5 de julio de 2018

Escritores con Luz

                                                                              Historias sin palabras...


¿Cómo se escribe una historia sin palabras?

¿Cómo se construye una imagen que cuente una historia? ¿O que nos haga imaginarla?

¿Cómo nos convertimos en autores que escriben con la Luz?

21 y 28 de julio.

Taller teórico/práctico. Cupo limitado. Edificio Quinchón en el Centro Histórico de Tegucigalpa.

Info: arturo.sosafotografia@gmail.com.

Me encantará compartir con todos Ustedes...crear historias sin palabras.