martes, 8 de agosto de 2017

Diccionario de Improperios Catrachos

Resulta que Usted nació en Bristol, Inglaterra, y acaba de llegar a Toncontín tan solo para darse cuenta que sus maletas no llegaron.

Por supuesto, Usted está indignado, indignada. Tras discutir una hora, termina maldiciendo en buen bristoleño a los empleados de la aerolínea. A todos.

Pero en su interior, Usted siente que le falta algo; que no ha terminado de expresar todas sus emociones y que ellos lo entiendan.

Usted quiere mentarles la madre en un forma convincente. Que les duela tanto como a Usted le duele llevar 24 horas de viaje sin cambiarse de calzón ni lavarse los dientes.

Pero Usted no sabe ni una sola maldición en hondureño.

Frustrante, ¿verdad?

O Usted nació en la López Arellano en San Pedro Sula o en la Kennedy en Tepas, pero desde hace 17 años vive en Connecticut y nunca más se volvió a encontrar con un compatriota por allá (y con ese frío tan perro, ¿quién?)

De repente, regresa a a la patria y el taxista le quiere cobrar 300 bolas por llevarlo a la casa de sus viejitos.

Usted está realmente encachimbado, encachimbada, y sabe maldecir en mexicano, salvadoreño, paquistaní, gringo y chicano, pero no en hondureño.

No, eso no puede seguir así.

Para ayudarle, hemos resuelto hacer un compendio de palabras que le ayudarán a salir adelante, airosa, airoso, con la satisfacción de haberle dicho sus cuatro verdades a esta gente mañosa. Balín.

La próxima vez que le pase algo similar, Usted saque esta listita, busque la palabra adecuada y grítele en sus caras:

¡Usted es un (a)...!:

1.- Agarrado: avaro, tacaño.

2.- Aguacatero: perro que no tiene raza pura o candidatos que quedaron fuera de la Alianza.

3.- Apajuilado: débil, enfermo, triste, desanimado.

4.- Balín: tonto.

5.- Bayunco: tonto.

6.- Barco: profesor universitario poco estricto y alcahueto (ahora está muy de moda en la U).

7.- Barzón: haragán, pero dirigido a ciertos estudiantes de la U y/o diputados del Congreso que no
llegan a las sesiones parlamentarias (¿Qué creen? ¡Hay video!)

8.- Basura: malo.

9.- Bebesaurio: hijo de político mañoso tradicional (aunque es raro encontrar en suelo hondureño un ejemplar de estos, ya que casi todos son extraordinarios abogados con tres maestrias y dos doctorados en Diplomacia Internacional (o Plomería) y que suelen trabajar en los consulados o embajadas de Ginebra, Oslo o Chicago).

10.- Bizcoreto: bizco, que ve con la vista cruzada.

11.- Bolado: se le llama así a una mujer hermosa, floja y fácil (Nota: el sinónimo puede ser "Palillona").

12.- Butuco: Majoncho, guineo moroca. Persona obesa y de baja estatura.

13.- Cerote: mojón, pedazo de excremento (Esta palabra se usa ya en situaciones extremas cuando ha decidido bajarse el canasto).

14.- Chabacán: alguien muy bromista. Ex presidentes empijamados.

15.- Chabela: mediocre, malo, pañuso, chasta.

16.- Chambero: que busca trabajo mediante el activismo político (en los siguientes meses va a ser el oficio más buscado dentro del Partido).

17.- Chambón: chapucero. Ex presidentes empijamados.

18.- Chancho: cerdo. Desaseado.

19.- Chele: Rubio. De piel blanca. Chapudo. De color rojo, militante del Partido Liberal y en la llanura, triste.

20.- Cachureco: de color azul, militante del Partido Nacional y apasionado por andar en buses alquilados.

21.- Cheto: pez espinoso muy sabroso. Nalgas. Mujer sexy.

22.- Choco: ciego o con problemas en la vista. Fiscales, agentes Anti Corrupción. Jueces.

23.- Coco: Inteligente (esta palabra se dice para lisonjear a la persona y ver si así le consigue las maletas perdidas).

24.- Conchudo: abusivo, aprovechado.

25.- Contumerioso: caprichoso. Ex presidentes que se cambian de nombre y después que siempre no.

26.- Corneto: que tiene las piernas torcidas.

 27.- Creído: orgulloso, soberbio. (Normalmente un Ministro, un Director o la secretaria de cualquiera de los anteriores).

28.- Culo: sinónimo que se dice (o se piensa), pero siempre en voz baja, sobre una persona muy guapa. Mujer guapa. Hombre guapo.

Nota: se han eliminado aquellas palabras altisonantes por razones obvias de buen gusto. Por ejemplo, palabras como "Hijue..." "Pen... "Cule..." y otras más.

La meta será siempre no perder el glamour.

Atentamente

El Suscrito

sábado, 29 de julio de 2017

La verdad...

La verdad, lo que se dice la pura verdad, desde que el inútil del marido se había ido, Segis sentía que ella había pasado a mejor vida. Y sin necesidad de morirse como el susodicho.

Así que mientras terminaba de poner en una caja de cartón las últimas cosas que le quedaban del finado, Segis no dejaba de bendecir por cada momento que había transcurrido desde que dejó de verlo. Aunque había tardado en hacerlo, por cierto sentimiento tonto de culpa, finalmente estaba terminando de empacar esa maldita última caja y dejarla lista para el camión de la basura.

- "Mortis cannis, hidrofobius finitus", o como quien dice,"Matando al perro, se acaba la rabia" -sentenció en voz alta Segis.

La mera verdad es que desde que dejaron de compartir el mismo mundo terrenal, ella dejó de escuchar aquellos chistecitos "clásicos", pero que en realidad eran siempre las mismas bromas estúpidas del hombrecito; los mismos chistes rancios de toda una vida. Fiesta tras fiesta; barbacoa tras barbacoa. Hasta en los velorios los repetía el patán ese...los mismos chistes de hierro.

Para ser sincera, desde que el hombre había estirado los tenis, todo era mucho mejor. No había nadie que le criticara sus comidas ni el orden (o el desorden) con que manejaba la casa. Compraba lo que quería y cuando lo quería. Si quería por las noches ver películas de miedo, las miraba (él era tan mariconcito que hasta Harry Potter le daba miedo...).

Y para ser franca, desde que dormía sola habían desaparecido aquellos constantes "dolorones de cabeza" que le llegaban de repente a la hora de "hacer aquello"...Y es que "aquello" con aquél, ya se había convertido desde hacía muchos años, en un verdadero dolor de cabeza. ¡Uuuy! Si es que hasta recordarlo le daba basca...¡Ché!...y si hubiera sido bueno para eso, todavía, pero la verdad es que ella ya casada se dio cuenta que el cuete le había salido cachinflin...solo silbaba.

Aunque también es cierto que ella nunca entendió por qué lo aguanto tanto. El hombre era un verdadero penco. Penco con pisto, es cierto, pero penco. Un dieciséis más de penco y hubiera alcanzado la categoría de cholero. O de diputado del Partido.

El hombre era un inútil de primera. No cocinaba, no barría, no trapeaba y no lavaba ni sus calcetines. Fumaba hasta las chencas que encontraba en los ceniceros y a fuerza de tanta cervecita helada, había adquirido una panza con dimensiones de chiclera. La verdad es que cuando ella lo miraba los domingos por la tarde, sentado viendo en la tele los partidos de fútbol, con aquella camiseta blanca, shorts verdes, calcetinos verdes con sus chanclas de hule (verdes también, of course), ella sentía que Dios la había abandonado. O por lo menos, castigado.

Y como que se resignó hasta que un día, el buen Diosito se acordó de ella y le dejó de dar cuerda al corazón del susodicho. Bueno, también es cierto que ella había contribuido su poquito, pero de todos modos, el médico lo calificó de "muerte natural por abundancia de triglicéridos en las arterias y manteca de cerdo en el cerebro".

A partir de entonces, Segis volvió a sonreir. Y a vivir de nuevo. Y por esas cosas de la vida, justo cuando estaba a punto de cerrar la caja, apareció en el fondo del closet, aquella foto vieja de un antiguo amor de la U.

Segis se quedó con la foto en la mano y una alegría apareció, sin quererlo, en sus labios. Tal vez porque había sido algo bonito. Tal vez porque había durado poco o tal vez porque siempre le cayó en gracia lo callado del muchacho. Y para ser honesta siempre le dio risa el nombrecito del galán...y es que esa combinación de idiomas nunca la entendió.

La verdad es que llamarse Stephen Andrews Eduvijo Pérez es como para morirse de la pena.

- Aunque la verdad, verdad, no estaría mal saber qué se ha hecho de él en todo este tiempo...- pensó Segis viendo de nuevo la foto- Digo, solo por curiosidad - se atrevió a decir en voz alta mientras cerraba la caja con maskin tape y dejaba la foto del antiguo galán en la mesita de noche.

-La verdad es que solo por curiosidad... -repitió Segis cuando le dio la última vuelta de tape a la caja destinada para la basura- solo por curiosidad.

domingo, 23 de julio de 2017

Mire Usté...

¿Y entonces? - le preguntó su Mujer por tercera vez, ya con ese tonito tan, tan, tan así ya saben cómo.

- Ajá...¿cuándo?- volvió a preguntar, pero ahora elevando la voz en una nota más aguda. Más histérica.

Stephen Andrews Eduvijo Pérez se quedó callado. Como siempre. Como cada vez que pasaba lo mismo. O sea, como diario.

-Hombre-pensó Eduvijo para sus adentros - de haber sabido que así iba a ser la cosa, mejor ni le hubiera pedido la mano. Ni la mano ni otra cosa...

¡Caramba! De hecho y ya pensándolo mejor, si bien estaba yo solo -continuó el hombre en sus cavilaciones- Cierto, flaco, menesteroso y necesitado, pero libre. Comiendo cuando quería (o cuando había algo en la refri) y durmiendo a la hora que se me antojaba.

Aquellas doradas épocas de andar solo cubierto con una toalla por todo el departamento habían pasado al recuerdo. Y con ellas, su toalla favorita (su Mujer dijo que ya estaba muy vieja y que además, no quería ningún recuerdo de algo que hubiera usado alguna rubia oxigenada y pasajera en la vida anterior de su ahora esposo).

Con la toalla favorita se fueron al basurero sus jeans desgastados que había conservado desde la U. Es verdad que ya no le quedaban tan bien como cuando tenía aquella famosa cintura 29, pero bueno, seguían siendo sus jeanes favoritos. Mamados es cierto, pero favoritos.

Le dio tristeza cuando supo, algunos años después del casorio, que al regreso de la luna de miel también le había botado las fotos de Juanita, Ludovica, Gertrudis y Segisfreda ("Segis" le decía él de cariño). Ah...y la de aquella maestra de cuarto grado que realmente sabía enseñar...todo.

Nunca elevó la voz cuando ella decidió que los domingos eran días consagrados para compartirlos con sus papás, ahora sus suegros. Y con los ocho hermanos de ella.

Y bueno, de los viejitos nada qué decir. Pero ya se imaginarán que con ocho cuñados, pues de todo hay en la viña del Señor. Uno de ellos había estado en la Selección Nacional y por supuesto, nunca había metido un gol. Más duro que una rosquilla destapada de tres semanas.

El mayor había trabajado en el Seguro (sin ser doctor ni enfermero siquiera) y después de cinco meses se compró una Prado nuevecita, dejó a la mujer y se fue con una Palllona a rodar por el mundo. Acababa de regresar, sin Prado, sin chava, sin un cinquito y andaba buscando chamba de busero para las concentraciones del Partido. Que dizque allí iba a recoger el billetón...aunque fuera de cincuenta en cincuenta pesitos.

En fin, que ni para qué contar de ellos. Lo realmente importante fue que sus domingos se fueron al carajo. Aunque hay que reconocer que al principio todo fue dulce, todo fue panela. Hasta bonito.
Hasta aquél día que ella decidió que las cuentas de la casa las iba a manejar ella. Y también su sueldo.

Allí fue donde la mula botó a Genaro.

Las cervecitas de los sábados con los aleros se convirtieron en cortinas nuevas para toda la casa. Las entradas al estadio se permutaron por un juego de sillas de jardín y la champuseada de su carro cada domingo en el Car Wash, pues le fue endosada al de ella.

- Mire Usté-dijo en voz alta, sin quererlo, el bueno de Eduvijo mientras pensaba en todo eso.

-¿Mire qué? ¿Mire qué? - le dejó ir la Mujer- No papito, si aquí el único que tiene que ver es Usté...Vea y póngale suficiente quesillo a esa tortilla que ya ratos me tiene hambreando...¡Póngale!

Stephen Andrews Eduvijo Pérez se quedó callado como siempre, mientras le ponía el quesillo de Choluteca a la tortilla que tenía ya en el comal.

- Miré Uste-dijo muy suavecito, entre dientes, Eduvijo - hoy si que estamos todos ustedes jodidos...más reventados que manifestante en la U...

Y como quien no quiere la cosa, el buen Eduvijo se persignó tres veces antes de echar la segunda tortilla al comal. Y es que cuando el Diablo anda hambriento...¡Uuuy!

sábado, 24 de junio de 2017

Y Lázaro se levantó y andó...


Rrrrrrrrrrrrrr...Uggg...Rrrrrr...
Stephen Eduvijo contó y se quedó esperando.

Rrrrrrrrr...Uggg...Rrrrrr...Uggggg...

- A la siguiente, van a ser cinco - sentenció el buen Eduvijo.

Rrrrrrrrr...Uggg...Rrrrrr...Ugggg...Rrrrrrr...

-¡YES!- se felicitó muy en silencio el hombre. No se había equivocado. Tras tantos años de dormir juntos, ya le conocía con precisión matemática los ronquidos a su Mujer.

Y en verdad era algo de admirar. En parte por su paciencia y aguante de observar, medir, apuntar mentalmente y sacar patrones de ronquido a lo largo de tantos años de insomnio artificial. En verdad que era él un hombre con disciplina casi científica.

Pero claro, todo esfuerzo requiere siempre de más de una cabeza. Y en este caso, la cabeza era la de Eduvijo y los ronquidos eran de ella. ¡Y vaya que roncaba esa Mujer!

Recién casados eso no pasaba. Hay que reconocerlo. Pero con el paso de los años, la llegada de los hijos, las cuentas de la luz y de la escuela, aquellas noches plácidas y apacibles, llenas de ovejitas blancas saltando la cerca, habían desaparecido.

Y llegaron los ronquidos.

Los primeros fueron esporádicos. Hasta divertidos. Hoy solo uno; dentro de cinco días otro. Uno cortito, el otro medio largo. A veces parecían gurguruteos de canarito: hasta armónicos. Bonitos.

De repente, un viernes muy negro, ("Black Friday" le dicen los gringos) como que se pegaron. Como que el del lunes se unió al del miércoles y después al del viernes, sábado y domingo.

Y despues se exponenciaron. Y de canarito pasó a zopilote. Feo...feo.

Y apareció el insomnio en Eduvijo.

Y la vida dejó de ser la misma (bueno, en realidad las noches). Desde aquél viernes fatídico, todo cambió.

Al buen Eduvijo se le comenzó a a caer el pelo. La panza le creció. Las ojeras se convirtieron en cachetes y la sonrisa se le congeló a medias, como a media asta.

Rrrrrrr...Ugggg...RGGGG....Uh...

- Aquí viene el cambio en Do Mayor - precisó Eduvijo- Una octava más alta y más profunda antes de llegar al remate en crescendo...

A veces a Eduvijo le gustaba pensar, entre ronquido y ronquido, que si no hubiese sido por ella, él jamás se hubiera percatado de su oído de afinador de pianos...- ¡Agudeza!- diría Salvador...Sinceramente, él nunca pensó que era tan bueno para percibir las sutilezas de los sonidos, aún de los más fuertes y atemorizantes.

De hecho, estaba agradecido con su Mujer. Tal vez, tal vez, algún día esa habilidad le serviría para encontrar otro trabajo. Tal vez en algún circo para evaluar la salud de los leones o los hipopotamos mientras duermen.

RRRRR...UGGGG....RGGGG...RRRRR...PLYDRFIUFRDrrrrrrr...

- "Y Lázaro se levantó y andó..." - pensó en silencio el buen Stephen Andrews Eduvijo Pérez mientras se levantaba de la cama, con cuidadito y sin hacer ruido, para irse a la sala a dormir.
Como cada noche.

- Con razón la gente dice que Lázaro se levantó y andó....por mucho tiempo. ¡Cualquiera andaría así!- pensó antes de volverse a dormir justo antes que el despertador sonara a las cinco en punto.

Como cada mañana.

sábado, 17 de junio de 2017

Nunca más

- Sí mi Vida...Sí Amor...Ya sabés que sí mi Cielo…

Stephen Eduvijo se quedó callado por un momento después de colgar el teléfono. Bueno, en realidad más de un momento. Tenía que pensarlo muy bien. Aunque fuera la quincuagésima vez, solo en la última hora.

Y no era para menos. Ciertamente no era comida de trompudos lo que se le venía por delante. Sí él llegaba a resistirse, a negarse, su Mujer le iba a cortar, por lo menos, los codos. O algo peor que viniera en pares… (vaya, por ejemplo; ¿Qué sería de él sin orejas?).

Para ser sinceros, Stephen Andrews Eduvijo Pérez siempre tuvo miedo de que eso pasara. De hecho, para ser más sinceros, siempre le había tenido miedo a ella. Desde aquella primera vez que lo obligó a hacerlo recién operado de la vesícula.

Él, no ella.

En ese momento (y Stephen Eduvijo siempre lo recordaría con claridad para toda su vida), a él le pareció que el olor a formol y anestesia como que la transformaba. Como que la ponía…ummm…¿Loquita? Bueno, algo por el estilo, digamos.

Claro, él no se sintió muy a gusto haciéndolo así, con esa batita ridícula del hospital que dejaba ver sus muy pocos y planos encantos traseros. Y ni se diga que ni agacharse podía porque todavía tenía la panza rajada.

Pero bueno, había que cumplir. ¿O no?

Tampoco se sintió del todo a gusto la vez que le ordenó hacerlo en el patio de la casa de sus papás, o sea, de los suegros, a las doce del mediodía y bajo el tamarindo. Al pobre Stephen Eduvijo le dio miedo que lo vieran. Casi ni podía moverse, menos torcer, estirarse, agacharse.

Pero ahí estuvo, complaciendo a su Mujercita.

Ciertamente no siempre fue ella de esa manera. Al principio solo eran episodios esporádicos, divertidos, que con el tiempo se fueron haciendo más frecuentes, más autoritarios, más exigentes y más… ¿cómo es esa palabra elegante? ¿Bizarros?...Sí; bizarros.

Ella siempre fue rara. Tal vez por eso es que él se había prendado de ella. Por rara. Por distinta.
Pero con el paso del tiempo, como que se había pasado de la raya. Ya no era solo hacerlo aquí y allá, sino que había que aprovechar cualquier oportunidad. A veces sobre las piedras del río cercano; a veces, aprovechando el sol de las once en la playa.

Ya el pobre Stephen Eduvijo no sabía qué iba a pasar la próxima vez. ¿Con qué le iba a salir la siguiente?

Esto tenía que acabar.

Así no podía seguir. Él ya no soportaba esa vida. La espalda ya no le daba para hacer fuerzas y los médicos le habían dicho que ya no podía cargar más. “Que ni lo intentara” –le dijeron – “a menos que quisiera quedar tullido”.

Stephen Andrews Eduvijo Pérez lo pensó una última vez más. Y tomó la decisión de su vida.
Esa noche ya no se lo iba a hacer más a su mujer.

Esa noche, o compraba ella una lavadora automática marca Westinghouse, o dejaba de lavarle a mano sus calzones.

Nunca más.

martes, 13 de junio de 2017

Martes de café...Avenida Café

 Manuel es músico y fotógrafo. Saskia es una apasionada por la comida sana, natural y sin preservantes. Y alguna vez fueron mis alumnos en la universidad.

Ese tiempo de pizarra, cuadernos y libros ya pasó. Y ahora crearon Avenida Café; un espacio dedicado a servir café orgánico, postres de verduras y curiosa (y muy agradablemente) ningún refresco embotellado.

La vez que los visité me encantó el aire discreto de este café. Es como si atravesando una sola puerta, uno puede separarse del bullicio de la Avenida República del Perú. Eso me gustó mucho. Es encontrar el escenario ideal para tener una conversación privada de negocios, o una plática íntima, personal, con el amigo, la amiga. Sin interrupciones.

Eso pasa en las mañanas, particularmente desde que abren a las nueve de la mañana hasta el mediodía. Ya a las doce, el sitio se llena de parroquianos que llegan en busca de sus sándwich de pollo o sus pitzetas. Y terminan rematando el pedido con un muffin de espinacas o con un postre de camote con jengibre y miel (debería de probarlo).

El café es de la marca Roble 1600, proveniente de la finca Rincón de Dolores, en San Matías, Francisco Morazán. La finca está ubicada 1600 msnm, con una gran cobertura de robles y por eso el nombre de la marca.

A Manuel le gusta prepararlo con el método Aeropress. A Saskia le encanta con la V60. Pero también hay espressos, capuchinos, mokas y americanos (solo que aquí le dicen "Catrachito").

Mientras se lo preparan, puede trabajar aprovechando el Wi Fi gratis o, si trae descargado el celular, ponerlo a cargar con la batería todo terreno (o sea, para cualquier marca) que allí le ofrecen. Sin costo alguno, por supuesto.

O puede salir a fumarse su cigarrito sentado en cualquiera de las tres mesitas que conquistan la acera. ¿Por qué no? Hay vigilancia por todas partes. 

Y como Manuel y Saskia son amantes de romper las reglas, a su menú le añadieron una lista de vinos italianos, chilenos y californianos. Si puede, visítelos el viernes...ellos lo llaman "Se vino el viernes". Así que ya se imaginará.

¡Ah! Se me olvidaba. Si Usted no es de Tegus y no sabe dónde queda la Avenida República del Perú, le voy a dar la dirección más fácil.

Avenida Café queda justo enfrente del Hotel San Martín, en el Distrito Hotelero. Al lado de la heladería Sara.

¿Ve? Fácil 


lunes, 5 de junio de 2017

Martes de café...Café Nativo




 Me gusta su espacio íntimo. 
Las pocas mesas que tiene.

Me gusta el olor a madera de su piso y paredes rústicas.

Me gusta la sonrisa de sus baristas (dos mujeres y dos hombres...está parejo el tema).

Me gusta el café bourbon o el café catuaí que me ofrecen (y más me gusta que cada dos meses cambian de variedades y de regiones cafetaleras de donde las traen).

Me gusta que tuesten su propio café y que Daniel y Karla, sus fundadores, sean tostadores certificados por SCAA (aunque más me gusta que puedo comprarlo en grano o molido. Y recién tostado).

Me gusta que vendan cafés de microlotes con origen. Y que me enseñen a degustarlo en diferentes métodos (V60, Chemex o Prensa Francesa).

Me gusta tanto Café Nativo, que suelo ir por las mañanas cuando está más tranquilo (de hecho, abren desde las 7 am y cierran a las 7 pm de lunes a viernes. Los sábados están de 11 am a 7 pm y los domingos de 2 a 7 pm).

Es más, me gusta tanto, tanto, que voy a ir con mis hijos este 17 de junio a su taller Café Fest; una iniciación al café que dura cerca de dos horas. ¡Ah! Y es gratuito...pero vale la pena apuntarse antes.

¿Dónde? En el segundo piso de Metrópolis. En Tegus.

Por cierto, Café Nativo es más que una cafetería. En realidad es una microtostaduría de cafés de calidad.

De buen café hondureño, por supuesto. 


                                   ¿Lo han probado? No todo el mundo se atreve...


Así deberían de venderse todos los cafés del país. Se justifica la calidad y el precio. Y todos crecemos. 


                                 Un espacio íntimo, agradable. Ideal para una conversación con amigos.


 
                        Francis Padilla siempre atiende con una sonrisa. ¡Que Pinta!


 
                    Don Rufino Gonzáles puede parecer timidón, pero esa sonrisa siempre la tiene.

                                              ¡Uf!  Nada que agregar; se antojan y ya.