sábado, 9 de marzo de 2019

Seamos sinceros

Mire.
Para que usted sea hondureño, hondureña por Ley, a usted lo deben de haber despachado, por lo menos una vez en la vida, antes de:
- que lo agarre la tarde.
- que lo agarre la lluvia.
- que lo agarre el sereno y se enferme.
- que lo agarre la patrulla con la licencia vencida.
- que lo agarre su Mujer con la nueva baby encerrados en la oficina.
- que la agarre su mamá en una mentira.
- que la agarren los nervios con el Jefe.
- que la agarren con el chepe en el exámen.
O antes de que agarre una gripe.
O antes de que agarre una borrachera.
O sea, si a usted no lo han ´despachado antes de´, entonces no es hondureño. Hondureña.
Es más, y sí a usted nadie lo ha agarrado, o agarrada, por lo menos una vez en la vida, entonces déjeme decirle que usted no es de aquí. 
Ni de allá. 
Sinceramente.
(y por favor, no la vaya a agarrar conmigo, sino quiere que lo despache antes).

sábado, 2 de febrero de 2019

Dedicatoria



Tengo un pretexto.

O mejor dicho, escribí un pretexto.

Escribí Entre Pijalío y Bruselas como un pretexto de vida. Resolver dudas, alcanzar otros estadíos. 

'Para reírme mejor' , como nos enseñó el señor Lobo Feroz.

Para luchar contra ese paradigma terrible, horrible, denigrante, que sostiene y declara que en esta tierra no se puede vivir como escritor.

Y se me ocurrió que si todos nos propusieramos leer un autor nacional a la semana, uno solo a la semana, todo cambiaría. 

Todos. ¿Qué tal si cada semana, las universidades y colegios dedicaran lecturas, conferencias magistrales e investigaciones sobre la vida y obra de un escritor de estas tierras?

¿Qué tal si las librerías se unieran e hicieran firmas de libros, conversatorios y los libros de ese autor semanal estuvieran en las vitrinas y a precios especiales?

¿Y sí se unieran los medios de comunicación?

¿Los centros culturales y artísticos?

Sí se puede.

Escribí un pretexto. Un libro humorístico para sobrevivir en una tierra donde todo puede pasar (menos vivir como escritor con el mismo sueldo decente de un, digamos, vicepresidente del Congreso. Porque 106, 000 mil lempiras mensuales a cualquier escritor le servirían).

Lo escribí para ser feliz.

Solo que advierto: es una obra inconclusa. Umberto Eco nos advirtió que el autor solo hace una parte; es el lector, el espectador de la obra quien la cierra con su interpretación.

Entre Pijalío y Bruselas está dedicado al noble pueblo de la República de Pijalío.

A los de aquí y a los de allá.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Honduras Indómita...una iglesia viva



Me paré frente a ella y no pude menos que asombrarme.
La Iglesia de La Merced de Gracias, Lempira, es una de las iglesias más antiguas de Honduras y definitivamente es una obra de arquitectura colonial religiosa muy hermosa. 
Me sentí orgulloso de nuestro patrimonio cultural. Visitarla es más que agradable, independientemente de nuestras creencias religiosas personales. 
La cédula de información que se encuentra en la entrada del inmueble nos dice que posiblemente se comenzó a construir a mediados del siglo XVI, lo cual es factible porque Gracias fue fundada (tres veces) a partir de 1536 y terminando en la actual ubicación en 1539.
Es importante recordar que cuando La Conquista, las primeras iglesias se construían con materiales vegetales perecederos y de dimensiones mucho más modestas.
Conforme los asentamientos iban ganando fuerza, habitantes y riquezas a través del comercio y la agricultura, las iglesias se iban restaurando, remodelando o ampliando por edificaciones más resistentes y ricas en ornamentación, hasta alcanzar proporciones monumentales como la Catedral de Comayagua, por ejemplo. 
La cédula añade que para la primeras décadas del siguiente siglo ya debía de encontrarse muy dañada y que con el terremoto de 1774, se vio la necesidad de reconstruirla en una buena medida hasta dejarla como la encontramos ahora.
Lo primero que agrada a la vista es su atrio grande con un jardín verde rodeado de un muro perimetral. Un espectáculo de colores cuando la blanca fachada de influencia barroca resalta contra el cielo azul.
La fachada se interpreta fácilmente puesto que allí se encuentran los elementos que definen a la iglesia, como si fuera la portada de un libro. 
Arquitectónicamente, podemos ver que se compone de dos grandes cuerpos horizontales y un tercer nivel llamado remate. 
Cuatro esculturas ubicadas en el primer cuerpo nos muestran a los mártires de La Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, más conocida como La Orden de la Merced. Y sabemos claramente que es una iglesia de esta Orden por el escudo heráldico que se encuentra sobre el vano de la puerta de entrada. 
En el segundo cuerpo destaca una ventana grande que servía para iluminar el altar mayor dentro de la iglesia y al coro. Sobre ella, una hornacina, o sea, una especie de nicho semicircular en donde descansa la imagen de San José y el Niño portando el lirio florido. 
Un poco más arriba, custodiada por dos ángeles, la Virgen de La Merced con el Niño, como la figura principal de esta obra. 
También impresiona toda la ornamentación de yeso con figuras de flores y hojas en los dos cuerpos y que le imprime una sensación de movimiento a toda la fachada. Se siente viva. 
No puede dejar de mencionarse las dos torres laterales muy sencillas que guardan las campanas en una de ellas y que vienen, ambas torres, a enmarcar el centro de esta fachada.
Gracias al Instituto Hondureño de Turismo , IHT, pude estar un par de días en la ciudad y constatar que los trabajos de ordenamiento y restauración del Centro Histórico que habían comenzado allá por el año 2005 (si mal no recuerdo) se habían logrado y consolidado con el tiempo.
Da gusto ver un proceso de más de quince años que se mantiene vigente y actualizado. Realmente los esfuerzos de la Cooperación Española, El Instituto Hondureño de Antropología e Historia, la Mancomunidad de Colosuca, el IHT y los habitantes de Gracias han rendido sus frutos. 
Y con ello confirmo, por enésima ocasión, que más allá del frío gris concreto de las ciudades grandes (ya sin árboles), existe una Honduras que todavía no conocemos. 
Inexplorada. Indómita. 
Nuestra.


Vista completa, desde el atrio, de la Iglesia de La Merced.
Gracias, Lempira.
Honduras.
Fotografía: Arturo Sosa 2018.



Dos de las cuatro esculturas que adornan el primer cuerpo de la fachada.

Les voy a ser sincero: me gustaría saber a quién corresponden en la vida real estas imágenes. Creo que esos detalles en las cédulas de información añadirían más contacto entre el visitante y la obra. Se interpretaría mejor lo que se está viendo, máxime si no hay guías presentes. 
Iglesia de La Merced.
Gracias, Lempira. 
Fotografía: Arturo Sosa 2018


Parte del segundo cuerpo de la fachada y el remate de la misma. En la parte final, una cruz de hierro cierra la obra.
Iglesia de La Merced.
Gracias, Lempira.
Fotografía: Arturo Sosa 2018


          Escudo de la Orden de La Merced
            Iglesia de La Merced

                Gracias, Lempira. 
                       Fotografía: Arturo Sosa 2018.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Honduras Indómita...septiembre 4 de 1899




"Si las estructuras pudiesen ser restauradas, nuestras edificaciones más importantes se mirarían como pigmeas a su lado; y ninguna ciudad moderna podría alardear de tan grandielocuentes ornamentos ricamente tallados y esculpidos..."
Me emocioné.
El texto forma parte de un reportaje publicado en Harper´s Weekly el 4 de septiembre del año 1899, y del cual solo dispongo de dos páginas de todo el reportaje.
Eso si, dos páginas originales de 1899 (obsequio invaluable de mi amiga Marta Campos-Mace, quien conoce mi gusto por estas impresiones antiguas).
En las dos páginas que están en mis manos, el autor del reportaje narra los hallazgos realizados en Copán por las diferentes expediciones (cuatro en total) que realizó el Museo Peabody de la Universidad de Harvard entre 1892 y 1899. 
La narración es maravillosa y junto a las fotografías publicadas nos cuentan los orígenes de la investigación y restauración de nuestra joya arqueológica más importante. 
Leyendo más adelante, encontré el siguiente párrafo que he tratado de traducir lo mejor posible:
"En 1891, gracias a los esfuerzos del Sr. Charles P. Bowdicht, el Museo Peabody se hizo cargo del cuidado de las antigüedades de Honduras gracias a un convenio, de diez años con el gobierno de ese país y con el derecho de quedarse con la mitad de las objetos encontrados en las excavaciones...."
Sorprendente.
Supongo que para ese año, el convenio fue firmado por el Presidente Luis Bográn o quizá Ponciano Leiva. Sería cosa de investigar y sería más genial poder encontrar ese documento.
Gracias a Dios, hoy contamos con un nutrido grupo de especialistas en historia, antropología y arqueología y quizá este tipo de convenios ya no se hacen así.
No es mi afán levantar protestas ni polémicas inútiles. Supongo que para esa época así se manejaban las cosas y que el presidente que firmó tal convenio lo hizo sabiendo lo que hacía y pensando en lo mejor para Honduras.
Eso espero.
Tampoco sé si es factible revertir lo que estableció de mutuo acuerdo ese documento; se necesitan opiniones de expertos en derecho internacional y debe de llevar mucho, mucho tiempo emitir una conclusión seria y fundamentada en Ley. 
Cualquier otra cosa que se diga en este momento es pura presunción personal. Especulaciones.
No es mi intención, repito, levantar olas innecesarias.
Tal vez lo que escribió el autor de ese reportaje en Harper´s Weekly no sabía con exactitud de lo que hablaba o tal vez lo motivaban otros intereses desconocidos.
Tampoco sé si el Peabody se llevó efectivamente lo que consiguió por escrito y menos sé si se han devuelto piezas.
No lo sé. 
Como documentalista, me limito a compartir lo que encontré y que yo mismo no sabía. Pero tal vez, alguien más sí se pueda interesar en investigar este momento de nuestra historia. O quizá ya hay alguien que tiene datos confirmados al respecto y nos los comparta.
Lo que si sé bien es que gran parte de nuestro atraso hoy, como nación, radica en nuestra ignorancia sobre nuestra propia tierra, sobre nuestro patrimonio cultural y natural. Sobre lo que tenemos, lo que valemos. Lo que somos
Insisto: más allá del concreto frío y gris de nuestras ciudades, existe todavía una Honduras realmente profunda. Inexplorada. Indómita.
Nuestra.





sábado, 3 de noviembre de 2018

Consultorio del Profesor Asdrújal

Queridas amigas, amigos:

Hoy, fecha memorable en que los vientos de noviembre comienzan a arrastrar los cometas de Júpiter, Plutón y del Honorable Congreso Nacional, me dirijo a ustedes con todo mi amor, para orientarlos y guiarlos por los ásperos caminos de las relaciones interpersonales, intrapersonales y si es posible, extra matrimoniales. 

Ha sido una semana llena de altibajos: el Motagua perdió de nuevo (eso no es ni alto ni bajo, solo lo normal); la manteca de cerdo comenzó a escasear debido al acaparamiento de las doñitas tamaleras de diciembre (eso sí es grave) y se eliminaron, temporalmente, los cuatro lempiras de cobro extra por uso del ATM (esa es la parte alta).

Pero hoy, hoy, es un día muy especial.

Quiero dedicar mi programa de este día para contestarle a "Desconcertada"; fan fiel de este programa y de quien he recibido una de las cartitas más apremiantes, angustiantes y extrañas de toda mi larga carrera como astrólogo, profesor de medicinas naturales, sobador de empachos (o señoras) y adivinador de La Loto. 

Este programa es para vos, Querida Desconcertada:

Déjame decirte que leí tu carta con mucha atención. Con detenimiento. De arriba a abajo y de abajo para arriba (incluso traté de leerla de derecha a izquierda, pero no entendí nada).

Después de leerla, caí en un profundo sueño (porque la leí como a la una de la mañana). Y cuando desperté, seguía pensando en ella.

Durante los siguientes cinco días, la duda invadió mi ser. Mis estados se alteraron. Perdí mi paz, mi calma (exactamente como vos, según me contás en tu cartita).

Por un momento terrible hasta llegué a pensar que yo era el causante de todos tus males. 

Pero no. 

Nunca he estado tan cerca de vos. 

Desesperado, sin saber ya más qué hacer, pensé en buscar a Renato por las mañanas y que él en su magnifica sapiencia me ayudara a encontrar una respuesta para vos. 

Desafortunadamente, Renato tenía sus propias cuitas y estuvo ocupado con un señor que tenía problemas tan serios, tan graves, que incluso perdió momentáneamente el poder de caminar y cayó arrodillado frente a sus pies. 

Pobre Renato.

En fin, ya no puedo más.

Debo confesarte que no tengo una respuesta precisa; exacta. No sé cómo ayudarte. 

Lo siento. 

Querida Desconcertada: la única verdad es que si vos no sabes quién es el padre de tu próximo hijo, mucho menos lo sé yo.

Atentamente.

Profesor Asdrújal

viernes, 12 de octubre de 2018

Política 101...turismo masivo



Hace unos años atrás, me senté a platicar en el parque central de Copán Ruinas con un periodista norteamericano que había cubierto el Medio Oriente para la revista Newsweek durante 25 años. 
No recuerdo el nombre, pero sí que había sido candidato dos veces al Premio Pulitzer y que él andaba por nuestra Joya Turística en Tierra Firme merced a una asignación con la Cooperación Internacional de Japón (JICA).
Platicamos largo y tendido y al día siguiente cenamos antes de su partida. Fue un encuentro enriquecedor; todavía recuerdo sus últimas palabras antes de despedirnos.
Me recomendó que hiciéramos todo lo posible por no convertir a Copán Ruinas en el ahora nuevo Egipto con sus antiguas pirámides. O como Cancún y su vida nocturna de drogas y sexo pagado.
"Perdieron su identidad" -me dijo el periodista- Ahora ir a las Pirámides es como ir a un Mall cualquiera en Estados Unidos".
Y no lo dudo. 
Políticamente suena grandioso decir en los medios locales que se levantaron las estadísticas. También es político no decir lo que ha provocado todo ese flujo masivo de gente que deja huella; suciedad, destrozos, vómitos, plantas sin flores, playas cochinas y que termina comprando souvenirs hecho en China.
Tener un balance es lo más complicado en la vida. El desarrollo debe de ser sostenible en el largo plazo. Y solo va a ocurrir cuando identifiquemos, protejamos, conservemos y difundamos lo nuestro (Economía Naranja). 
Los turistas vienen a aprender sobre 18 Conejo, a dormir en un pueblito sin música estridente, de calles empedradas, con buen café especial y a fumar el mejor tabaco. A disfrutar de la calidez de su gente. A comer pollo con loroco y chocolate de verdadero cacao. No a comer hamburguesas que pueden comprar en cualquier esquina de Main Avenue...

                                                           --------------

https://www.nytimes.com/es/2018/10/10/opinion-turismo-madrid/?emc=edit_bn_20181011&nl=boletin&nlid=7459108320181011&te=1

sábado, 6 de octubre de 2018

Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer

Ayer en la tarde llovía en Tegucigalpa.
Armado con un buen café, me senté frente a la compu dispuesto a entrarle a la aventura de escribir algo divertido, trascendente, memorable. Algo para la mañana del sábado. 
Me tomé un trago, dos, uno más y la página de Word seguía en blanco. 
Después de diez minutos, la pantalla mantenía su virginal blancura y yo ya me había quedado sin café.
-No puede ser –pensé- tenía razón mi mamá cuando me decía que la cabeza solo me sirve para peinarme. 
Necesitaba ayuda, ideas, inspiración.
Afortunadamente, soy un hombre precavido, astuto, y ya tenía listo un Plan B: recurrir al Dios Google para pedirle, humildemente, inspiración divina (algunos ateos denominan a esta oración como “Copy-Paste”; por favor, no les hagan caso.) 
Tomé el teclado en mis manos y escribí : “Escritores humorísticos”.
¡Zaz!
Definitivamente, el Dios Google no sabe fallar (a menos que la ENEE esté con sus moños puestos). Me aparecieron 345,789 entradas. 
Seleccioné la primera y encontré como 123 referencias de escritores y sus libros (lo sé, a veces ese Dios exagera).
Empecé por el primer libro; uno de Groucho Marx titulado “Memorias de un amante sarnoso”.
-Ummm…no. Creo que este no me sirve.
Seguí con el segundo título y me pareció harto interesante. Lo escribió el periodista norteamericano David Foster Wallace a finales de los noventa y se titula: “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”.
Me llamó la atención. Sin necesidad de leerlo, yo ya tenía comprada la idea. 
¿Por qué? Bueno, déjenme decirles que eso me ha pasado más de una vez. Cien veces. Mil veces. Y sin necesidad de que fueran divertidas.
Existe dentro de mi esa habilidad innata para meter la pata cada siete segundos. 
O menos. 
Por ejemplo aquella tarde cuando en la fila eternamente lenta del super, le pregunté a la señora panzoncita que estaba frente a mi y solo por matar el tiempo:
-Mire que bendición…¿Y para cuándo le toca? 
La señora se me quedó viendo y solo me dijo: No, no estoy embarazada…Maje.
Trágame tierra. 
O en otra ocasión, memorable, cuando entrando al supermercado Cantón allá en mi querido San Pedro, me topé con el defensa del equipo Marathón, Maravilla Suazo, quien al mirar para la entrada, gritó de muy buen humor:
-¡Ajá, Entrenador!
Resulta que para esos días yo estaba corriendo todas las tardes con el equipo de atletismo del colegio y mi entusiasmo me rebalsaba. Y la vanidad también. 
Así que cuando aquél jugador de fútbol, el gran Maravilla Suazo, dijo “¡Ajá, Entrenador!” yo no supe qué hacer. 
Lo primero que pensé fue: ¿Cómo sabe Maravilla, super jugador profesional, que yo estoy entrenando?
Claro, antes que mis células grises pudieran tener una idea clara de lo que estaba sucediendo, y mucho antes que yo pensara en alguna respuesta aristotélica, es decir inteligente, ya mi ego y vanidad habían tomado el control de mi brazo derecho levantándolo lo más alto posible, al tiempo que mi mano abierta, se movía con viva energía de un lado para el otro.
No contento con esto, mi boca se abrió para gritar a todo pulmón, como para que todo el supermercado se diera cuenta:
-¡Maravilla! ¡Brother!
Maravilla se me quedó viendo con cara de sorpresa porque lógicamente, él hombre no me conocía.
La cajera también me vio. 
Igual que las cuatro personas que estaban haciendo fila. 
Todas serias.
En ese momento no sé qué me dio por voltear a ver detrás de mi y ahí estaba él:
Atrás venía Chelato Uclés. El Profe.
Inmediatamente giré hacia la primera salida y desde entonces no he vuelto al Cantón (todavía recuerdo las carcajadas de Maravilla, la cajera y los cuatro de la fila). 
No, si la verdad es que desde chiquito he metido la pata. Y grueso. 
Como aquella vez que por azares del destino y de las hormonas de los quince años, me embarqué en una salida prohibidísima y conocí a una muchacha de la vida alegre (en su lugar de trabajo, por supuesto).
Aturdido, nervioso, queriendo verme galante, hombre de mundo, lo primero que le pregunté fue:
- Ajá...cuénteme…¿Qué ha hecho últimamente?
En fin; ese día no descubrí el amor. Créanme. 
De hecho, todavía hoy, cuarenta años después, los compañeros del colegio que me acompañaban se siguen riendo a mis expensas. 
Así que convencido de haberme topado con el libro correcto (y después de darle las gracias sinceras a Google), lo guardé en la memoria de la compu y me fui por otro café. 
-Total –decidí para mis adentros - si me levanto temprano lo puedo medio leer y ver qué diablos invento para ese Facebook….